“La violencia es ese monstruo que habita en el cuerpo de almas olvidadas, encerrando sus gritos de auxilio en el corazón de un verdugo”.
Ahtziri Lagarde
Por Raúl Martínez Solares Piña

La violencia de género la conozco porque conozco a muchas mujeres que la han padecido, sufrido y luchado, pocas veces con éxito, para escapar de ella. Porque antes o después de sufrirla han tenido la confianza de compartir conmigo las historias que retratan el dolor e incertidumbre que vivieron; así como la enorme cobardía de quienes las violentaron.
En algunos casos he podido ser alguna forma de apoyo; aunque sea sólo como alguien que escucha sin juzgar, sólo para recordar que eso no es normal, que no es amor, que no es cuidado, que no existe justificación alguna para ninguna forma de violencia.
Como muchos, en algún momento juzgue como debilidad la incapacidad para romper el círculo de violencia y alejarse de quienes en su contra la ejercen. Tuve que conocer de primera mano sus historias y sus procesos para entender que una situación que se construyó (o mejor dicho, se destruyó) a lo largo de años, rara vez se rompe de manera rápida; requiriendo casi siempre de un largo proceso para reencontrar la autoestima y el sentido de sobrevivencia, a veces contando con una red de apoyo familiar o de amigos, que las ayudan a sostener la decisión entre tantas vacilaciones y tribulaciones y, en algunos contados casos, a escapar de la amenaza inminente de una violencia mayor que termine incluso en la muerte.
He visto esa violencia en relaciones de pareja (la más frecuente de sus expresiones) y en muchas formas; desde las más sutiles, hasta las más abominables y destructivas. Todas comparten un común denominador, la cobardía de quienes crean una relación de poder y dominación en lo que debería ser una relación de iguales. Poder que buscar sojuzgar a la mujer, minar hasta destruir su autoestima y su capacidad para sentirse digna de ser libre. Que esconde la cobardía al justificar los celos con amor o la dominación con protección.
El abuso financiero es una de las primeras formas que adopta esa violencia, porque a la vez que limita la capacidad de acción efectiva, transmite la idea de que la mujer no es capaz de tomar decisiones y de que el hombre debe de tomarlas por ella. Pero también el abuso financiero es una de las mas fuertes cadenas que después sostienen una relación de violencia física; porque la mujer no ve medios que le permitan escapar y mantenerse a si misma o a sus hijos.
Esta forma de abuso se presenta cuando quien ejerce la violencia asume el control de las finanzas de la pareja o de la mujer; en el fondo para evitar que lo abandone y para hacerla sentir incapaz de tomar decisiones hasta el grado que acabe por creerlo.
Puede adoptar muchas formas: desde impedirle trabajar para que solo dependa económicamente del abusador y éste tenga un mecanismo mas de control y supervisión, hasta tomando control de las finanzas de la mujer, incluso cuando ella tiene un empleo remunerado, a veces con ingresos superiores a quien la violenta.
De acuerdo con redes de apoyo internacionales, algunos síntomas de que existe abuso financiero son exigir que la mujer renuncie a su trabajo o impedirle que trabaje; acosar en el trabajo para provocar que la mujer sea despedida; prohibir el acceso a las cuentas bancarias y ocultar el patrimonio de la pareja o incluso el de la mujer violentada; mantener a la mujer bajo un presupuesto estrecho, limitado y estrechamente fiscalizado cuestionando cada gasto que no haya sido previamente aprobado; tomar decisiones financieras que comprometen a la pareja o la familia sin consulta algún, en algunos casos incluso mediante robo de identidad para tramitar crédito que queden a nombre de ella y que en caso de amenaza de separación representan una pesada carga económica futura, entre muchas otras.
La mejor defensa en contra del abuso financiero es limitarlo en cuanto empieza a manifestarse. Frecuentemente, bienes que la mujer aporta a la relación son usados como propios o bajo cualquier pretexto puestos a nombre del hombre que abusa; siendo un pretexto frecuente el que el será el quien por ejemplo contrate el crédito para adquirir una propiedad cuyo enganche a veces fue pagado con recursos de ella o los pagos mensuales se harán con el sueldo de mujer violentada.
Para protegerse, conviene tener la información financiera protegida y separada. En caso de aumentar la violencia reportar las tarjetas de débito o crédito extraviadas para provocar su reposición y así neutralizar aquellas de las cuales quien abusa mantiene el control. Pedir informes personales del buró de crédito ayudará a conocer si se han contratado créditos de los cuales no se tenía conocimiento. Nunca firmar documentos en blanco en los inicios de una relación que amenaza volverse más violenta limita por lo menos temporalmente un mecanismo de control frecuente.
El dinero es uno de los medios más poderosos para ejercer control. No minimices los indicios que te señalan que tu pareja pretende controlarte por ese medio, porque puede ser una de las alertas tempranas de lo que está por venir.
En el futuro, espero poder continuar colaborando de manera más puntual en este espacio, abordando la vertiente financiera del abuso y la violencia; tanto para poder brindar algún consejo que sea de utilidad, como para apoyar esta gran iniciativa undiadijebasta.com de quien con valentía y recuperando su autoestima, se libró admirablemente de la cobarde violencia que desafortunadamente enfrentó.

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