Por Juan Robert
«No se hará justicia hasta que los que no se vean afectados estén tan indignados como los que sí lo están».
Benjamín Franklin
Quiero empezar agradeciendo a Rebeca por su confianza y la oportunidad de poder dar voz a cierta población de varones que estamos percatándonos de nuestros comportamientos misóginos y machistas. Así que me dispongo a quitarme los zapatos y entrar con mucho cuidado y respeto a este espacio que considero de ustedes, las mujeres que quieren darle voz a la serie de desventajas, abusos, atropellos que esta sociedad hetero-patriarcal les ha propuesto como estilo de vida desde hace muchas generaciones y de la que me considero varón privilegiado. Soy un convencido de que hacer visibles todos estos privilegios, nos ayudará a todas a encontrar nuevos caminos y formas de dialogar para acercarnos las unas a los otros dando como resultado relaciones más equitativas.
¿Por qué somos tan pocos los varones que queremos cambiar? En el caso de que lo hiciéramos, ustedes están en mejor lugar para decirlo ¿por qué, pese a que incluso muchos de nosotros proclamamos verbalmente el valor de la igualdad, somos tan pocos los que realmente lo llevamos a la acción, o adoptamos posiciones innovadoras y emprendemos una marcha hacia la igualdad?
Los mitos patriarcales, que funcionan como ideales y mandatos sociales, conceden a los varones por el hecho de serlo, mayores derechos que a las mujeres, a imponer sus razones, a la libertad, al uso del espacio-tiempo y a ser sujeto de cuidados. No sólo eso: dichos mitos son los ideales-matrices sobre los que se conforman los hábitos de pensamiento y comportamiento, la identidad y la autoestima masculina. Ellos legitiman la dominación masculina, e internalizados hacen creerse a los varones que «ser y sentirse varón» es tener derecho a ejercer poder y control sobre las mujeres.
La igualdad real con las mujeres en todos los ámbitos es un nuevo ideal que aún no tiene demasiado espacio entre los componentes que dan forma a la masculinidad, por lo que los varones tendemos a sentir que con ellas hay solo dos lugares: dominante o subordinado; por eso tendemos a vivir cualquier avance de la mujer como intento de dominación femenina (Benjamin,1996; Bonino, 1998).
Por todo esto, aceptar a la mujer como igual no es tarea fácil para nosotros. Cambiar hacia la igualdad supone un tremendo esfuerzo: no sólo renunciar a derechos adquiridos, sino poner en cuestión nuestros propios hábitos, e identidad, la imagen de la mujer y la base de nuestro sentido de autoestima. Significa modificar comportamientos, pero también la mente para aceptar la igualdad con la mujer y no verla solo como amenazante o subordinada. Cambiar es transformarnos dentro de nosotros mismos y en lo social, modificando estructuralmente los mitos masculinos patriarcales que actúan como poderosas resistencias al cambio e incorporar nuevos ideales. Tarea difícil, pero que, desde una ética de género, es el único modo de innovar y no quedar atrapado entre la falta de acción, la nostalgia del machismo perdido o el victimismo del varón domado.
Otros factores se agregan para hacer difícil el movimiento de cambio innovador de los varones: la falta de modelos de masculinidad no tradicional (se están empezando a construir), el aislamiento de los varones aliados a las mujeres, la censura al transgresor del modelo tradicional.
A pesar de los obstáculos existimos varones que estamos reaccionando de modo favorable hacia el cambio en nuestra relación con las mujeres, y moviéndonos hacia la equidad. Pero también es cierto que, ante los avances femeninos en estos últimos años, gran número de varones occidentales se están sumando a los movimientos de lucha contra las mujeres y el feminismo. ¿Cuál será la tendencia futura? Aunque es difícil preverlo, sabiendo que el futuro de equidad no está garantizado, sino que hay que construirlo, nos surgen unas últimas preguntas. ¿Cómo crear motivación en los varones para un movimiento de cambio hacia la igualdad con las mujeres? ¿Cómo generar condiciones que promuevan su interés y neutralicen el temor a la pérdida que para muchos significa el cambio? ¿Cómo apoyar a los que ya están cambiando para que sigan avanzando sin romper su alianza con las mujeres? ¿Cómo hacerles comprender la importancia del modelo democrático, no sólo en lo público sino también en lo doméstico? ¿cómo no encasillarse en el pasado? ¿Cómo contribuir a desactivar los movimientos de varones conservadores de la vieja masculinidad?
Desde la mirada de que todas estamos en relación y lo que pasa entre hombres y mujeres es una co-construcción, quizá algo que podríamos empezar a hacer es desarrollar estrategias grupales (pide informes a Rebeca) y sociales que motiven a los varones y nos permitan construir deseos de cambio para la igualdad.
Es un anhelo de mi corazón que llegue el día en que podamos co-construir relaciones de pareja justas y equitativas, donde las oportunidades de desarrollo, seguridad, igualdad sexual, equidad financiera, sensibilidad emocional, etc., sean lo normal y no lo que hoy día vivimos. Quizá este cambio sea generacional y de la siembra de hoy no alcancemos a ver los frutos, sin embargo, disfrutar del camino y trascender a través de las generaciones venideras será el mejor pago que podremos obtener… por mí y por todas mis compañeras.

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