La dimensión de la violencia de pareja hacia las mujeres en México

Por Raúl Martínez Solares Piña

En México, una de cada dos mujeres sufre de algún tipo de violencia por parte de sus parejas de esposos o novios. Si, una de cada dos.

Y una cuarta parte de ellas refiere haber sufrido violencia, tan sólo en el último año. Sí, una de cada cuatro.

La única información sistemática, oficial y confiable que existe en México sobre este tema; de una dimensión social, humana, económica y ética y tan vergonzosa para toda la sociedad; es la que se obtiene de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones de los Hogares.

En ella, con los últimos datos de 2016, se obtienen las cifras anteriores que miden además muchos otros ámbitos de violencia, como la que se genera en el ámbito escolar, en el ámbito laboral o comunitario y en el seno de las familias, además de la que se recibe de las parejas.

La encuesta busca medir y conocer a profundidad; con las limitaciones evidentes que tiene el preguntarles a las mujeres acerca de la violencia que sufren y que están dispuestas a admitir; cómo, cuándo y quién ejerce la violencia; así como la magnitud y recurrencia de los distintos tipos de violencia que se presentan: emocional, física, sexual, así como la económica y patrimonial.

Hablando específicamente de la violencia que reciben de sus parejas, cuatro de cada 10 mujeres reciben abuso emocional, siete de cada 100 son objeto de abuso sexual, más de una de cada cinco abuso económico o patrimonial y dos de cada 10; si, 1 de cada 5 mujeres, son o han sido objeto de maltrato físico por parte de sus parejas.

La mayor violencia se ejerce por parte de las parejas en contra de mujeres jóvenes. Pero también se presenta incluso con mujeres mayores.

Y 8 de cada 10 mujeres; Sí, 8 de cada 10, que han sufrido violencia física o sexual por parte de sus parejas, no pidieron apoyo y no presentaron ningún tipo de denuncia.

Pensemos por un momento en lo que ello implica. Que todos estamos permanentemente cerca de alguna de esas una de cada cinco mujeres, que sufren violencia física de parte de su pareja. Todos deberíamos ser capaces de reconocer los síntomas, cuando no hemos sido testigos directos o indirectos de la violencia; todos deberíamos ser capaces de no mirar hacia otro lado; todos deberíamos ser capaces de ofrecer apoyo y respaldo a esas ocho de cada 10 mujeres, que no tienen los medios, las condiciones o la libertad para denunciar o solicitar apoyo o ayuda; o cuya autoestima y valía ha sido tan sistemáticamente destruida y minada, que no se sientes capaces o suficientemente valiosas o libres para alejarse de quien las violenta.

Ocurre cotidianamente a nuestro alrededor. Pero como sociedad lo hemos normalizado. Ello representa, una desgracia para las mujeres que padecen la violencia y una vergüenza para quienes no hacemos nada o peor aún, para quienes, con chistes, comentarios, críticas o juicios, normalizamos la violencia.

Entre las razones que las mujeres argumentan para no pedir apoyo o no denunciar, tres de cada 10 (Sí, 3 de cada 10) consideran que el acto de violencia fue algo sin importancia o que no le generó una afectación importante. Una de cada cinco temió a las consecuencias de castigo o mayor violencia de su pareja agresora, en caso de pedir apoyo o denunciar. Y una de cada cinco tiene tanta vergüenza en reconocer su condición que no se atreve a pedir apoyo, sabiendo de antemano en muchos casos por desconocimiento o por franca ignorancia, cuando no llana estupidez, pensarán “ella está ahí porque quiere” o “algo habrá hecho para provocarlo”.

Y estas cifras pueden ser mayores. La encuesta mide, entre otras cosas, la condición de privacidad que tuvo la mujer para contestar las preguntas. Y una de cada 10 de las mujeres en pareja, fue de alguna forma vigilada o supervisada mientras contestaba las preguntas.

Además, de la violencia en las familias por parte de las parejas, una de cada 10 mujeres sufre violencia reciente (en los últimos 12 meses), por parte de algún familiar en el hogar, distinto de su pareja; siendo los hermanos o los padres los mayores generadores de violencia en el hogar.

Ello no sólo implica una relación de daño. Sino que, además, particularmente en las mujeres jóvenes, el abuso y maltrato físico de parte de hermanos o padres, genera afectaciones en la forma en la que ha ellas perciben, en el futuro, la normalidad en las relaciones con personas que deberían amarlas y protegerlas.

Un porcentaje significativo de las mujeres que vienen de hogares donde los padres o hermanos fueron abusivos con ellas o con sus madres, establecerán relaciones de violencia de sus parejas hacia ellas; pero no porque las busquen o las provoquen, sino porque replican patrones y  favorecen inconscientemente relaciones con personas abusivas y violentas, tal vez como una forma de normalizar lo que en su infancia vivieron, trasladando esa conducta a las nuevas relaciones en las que debería imperar el respeto.

La exposición constante a una situación hace que esta se normalice para quien la sufre, aun cuando en el fondo sepa que es incorrecta.

Para quien nunca podrá ser justificable, es para quien ejerce la violencia; pues sin importar sus antecedentes o su historia, sabe y siente que causa daño y que destruye y así, con plena conciencia, actúa de esa manera.

Esa es la realidad, la tragedia y la vergüenza de lo que permitimos que ocurra a nuestro alrededor. Como sociedad, debemos a las mujeres, no por débiles o inferiores, sino por la condición que enfrentan, el apoyo y la protección necesaria para que se liberen de la violencia y para que, esperemos en el futuro, nunca la sufran.

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