¿Qué me pasa a mi con lo que les pasa a ustedes?

«La masculinidad patriarcal está en crisis»

Juan Robert

Por Juan Robert

En estos días de turbulentas manifestaciones en el sentido de la violencia que sufren las mujeres en manos de nosotros los hombres me pregunto con mucha seriedad que nos lleva a tener estas conductas, es decir, la violencia que ejercemos nosotros los hombres sobre ustedes
las mujeres.
Mi mejor respuesta hasta el día de hoy aclarando que no tiene que ser para todos, subrayando que es mi propia experiencia y que fue la forma en que co-construí junto con la otredad lo que hoy, 30 años después, puedo mirar de mí mismo y de mi propia historia con respecto al machismo, la misoginia y el patriarcado.

También te quiero dejar claro que no intento para nada justificarme en ninguna de mis conductas. Me declaro macho misógino y aunque hoy mismo me doy cuenta de muchas de estas conductas, también creo que es muy probable que siga haciendo otras de las que todavía no me percato.

Otro punto que creo importante y profundamente motivador es el de mostrarme como padre de dos hermosas hijas, una de ellas ya convertida en madre de un amoroso niño; y dos hijos, el mayor de ellos ya también padre.

Así que desde esta perspectiva me declaro con los siguientes intereses:

1.- Seguir trabajando conmigo mismo a través de lecturas, terapias, grupos, etc. de tal manera que arroje cada vez más luz sobre mi sombra.

2.- Cómo puedo ayudar a que otros hombres se den cuenta, como me he dado cuenta yo, de nuestras conductas misoginias y machistas. Darnos cuenta y aceptarlo es, en mi opinión, un principio fundamental para poder cambiar nuestras actitudes.

3.- Trascender estos cambios a nuestras generaciones de tal manera que puedan darse cuenta antes de que tengan que pasar por experiencias innecesariamente dolorosas.

Es mi postura que existe la posibilidad de que podamos hacer cambios tangibles en las generaciones que vienen a partir de pequeños cambios iniciados por cada uno de nosotros y nosotras en los diferentes contextos en los que nos habitamos y nos co-construímos.

Así que comencemos.

Me parece que de principios del siglo pasado al momento actual las condiciones de ser pareja-en-el-mundo han cambiado de forma radical. La movilidad geográfica, la comunicación instantánea, la cantidad de personas con las que interactuamos en las zonas urbanas, las diferentes preferencias sexuales, etc. A ratos me da la sensación de que la velocidad a la que la tecnología avanza ha rebasado por mucho la velocidad a la que la vida
de las generaciones puede avanzar ya que hay un tiempo para cada ciclo vital que inevitablemente se tiene que cumplir.

Por ejemplo: mis abuelos nacieron y no había automóviles, aviones o telefonía. Ir de un lugar a otro podría implicar muchos días de viaje; a larga distancia la comunicación era por carta y tardaba varios días en concretarse; el promedio de vida era de 40 años; las mujeres no tenían
herramientas para ser independientes económicamente; los matrimonios se decidían entre los clanes y la postura era “hasta que la muerte nos separe”, entre otras cosas.

Hoy en día ir o venir en automóvil es cotidiano, hay millones en todo el mundo y lo mismo sucede con los aviones. La telefonía celular nos permite tener comunicación instantánea en cualquier lugar del mundo donde exista Internet. El promedio de vida ha aumentado al doble. Las mujeres pueden ser tan autosuficientes como cualquier hombre. Y los proyectos de pareja
tienen muchas más dimensiones.

Lo que mis abuelos no conocieron, hoy mis nietos nacen con ello. ¿Cómo será para los hijos de mis nietos?

Por otro lado, y en mi propia experiencia de ser hombre en el contexto urbano de la Ciudad de México, me doy cuenta de los cambios generacionales que se han venido dando en el transcurso de mi existencia. Nacer en la década de los 60`s me convierte en hijo de una pareja
de la generación de los Baby Boomers. Mi padre ya tenía 40 años cuando me recibe en este mundo y mi madre 25. Aprendo a ser hombre desde el modelaje social, pero especialmente de mi papá. Enumeraré algunas de las características que identificaban no solo a mi padre, sino a la mayoría de los varones que recuerdo de mis años de infancia, por ejemplo:

1.- El hombre trabaja, la mujer cuida a los hijos y se hace cargo de las labores de la casa.
2.- El hombre puede ir y venir a la hora que sea a cualquier lugar, beber alcohol, fumar o ir de fiesta con los amigos sin tener que avisar o pedir permiso; al contrario de la mujer que no puede ir a ningún lado sin el consentimiento de su marido.
3.- Como el hombre es quién trabaja fuera de casa tiene el derecho de llegar y ser atendido, es decir, recibir alimentos calientes en el tiempo que él decidiera, sentarse a ver la T.V. aún hubiera pendientes de hacer en casa, entre otros beneficios.
4.- La toma de decisiones pertenece al varón. La esposa tiene que someterse estuviera de acuerdo o no.
5.- Desde este esquema social, el hombre recibe mayores beneficios que se convierten en privilegios tanto para estudiar y después para trabajar.

En mi experiencia puedo decir que la mujer era invalidada o poco tomada en cuenta.
A la mujer no se le permitía trabajar. ¿Cómo podría trabajar y además cuidar la casa? Pero, por si no fuera suficiente razón, ser hombre implicaba el deber ser un proveedor financiero y satisfacer las necesidades económicas de la familia. Mientras mejor satisfechas fueran estas
necesidades, el hombre era considerado con mayor virilidad. De ahí que si la mujer trabajaba para ayudarlo a proveer economía era visto como débil, menos viril, menos hombre.

Estos patrones de comportamiento que se repetían en las familias de la mayoría de mis compañeros provenían de sistemas familiares monógamos y hetero-patriarcales, familias llamadas funcionales en aquellos tiempos ya que era la norma. Sin embargo, existía una doble moral, se sobreestimaba la construcción de familias sobre este paradigma, pero en muchos
casos los hombres formaban familias alternas con parejas satélites fuera del matrimonio.

Parece que también contaba como señal de mayor virilidad.
Hoy día el lugar que tendría que ser el más seguro para ustedes mujeres se ha convertido en, el más peligroso según el informe sobre violencia machista de la ONU, este lugar es el hogar.

Las atacan en casa, novios, pretendientes, maridos, exparejas a veces sus propios padres las matan a diario en todos los países del mundo: 137 mujeres mueren diariamente a manos de algún miembro de su familia la mayoría de las veces.

El feminismo no ha matado a nadie, el machismo mata todos los días.

El patriarcado también nos oprime a nosotros los hombres, nos hace sufrir, nos limita, afecta a los seres que amamos. Sin embargo, la mayoría no nos damos cuenta.

Las mujeres que ya no sufren por amor están desmontando toda la estructura que las llevaba a la sumisión voluntaria delante de los hombres. Ahora, muchas de ustedes se mantienen alejadas de los hombres que sufrimos problemas de masculinidad, problemas que nos afectan
a todas y a todos. Nadie nos enseña a gestionar nuestras emociones, no sabemos comunicarnos asertivamente, no nos enseñan que es el machismo y por lo mismo no tenemos herramientas para trabajarlo. No nos enseñan filosofía feminista, no sabemos de las luchas feministas a través de la historia, mucho menos a relacionarnos mediante el diálogo y sin utilizar violencia.

Hay que leer mucho, dialogar más y escuchar al otro sobre este tema para
tratarnos mejor y acabar con el machismo y el patriarcado.
Creo que estamos atravesando por un momento histórico crucial: la masculinidad patriarcal está en crisis y no hay excusas para ya no verlo y seguir alimentando el machismo que todos y todas llevamos dentro. Es tiempo de declararnos en rebeldía contra los mandatos de género, de quitarnos los mitos de encima, de convertirnos en críticos de nosotras mismas, de nosotros mismos y diseñar todas y todos, mejores maneras de relación.

¿Cómo construimos nuestra realidad? ¿Cuántas falsas creencias venimos arrastrando generacionalmente? ¿Cómo hemos interiorizado el patriarcado? ¿Cómo lo reproducimos y lo transmitimos a las nuevas generaciones?

Todas estas conductas no vistas nos conducen al sufrimiento y a la violencia, necesitamos ponernos creativos, no solo para de-construirnos sino para construir nuevas formas de relación que nos ayuden a vivir en un mundo más equitativo, pacífico y amoroso, un mundo en el que quepamos todas y todos.

Es mi esperanza que crear otras masculinidades es posible, creo que tenemos derecho a amar y ser amados, de vivir en armonía y de co-crear parejas en las que el crecimiento, la plenitud y la asertividad que nos lleven a la paz puedan ser posibles.

No estoy seguro de que podamos lograrlo en esta generación, pero si estoy seguro de que podrán hacerlo las generaciones que están por venir.

Ya hemos empezado.

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