Por Rebeca Feria

“No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.”

Virgina Woolf, escritora británica

No hay duda de la situación compleja que estamos enfrentando como sociedad. En consecuencia, las últimas semanas hemos recibido cualquier cantidad de información respecto a la emergencia sanitaria, lo cual ha llevado a que varias o la mayoría de las empresas hayan instruido el teletrabajo o home office como muchos lo llamamos.

En mi caso, estoy en la tercera semana donde he salido prácticamente dos veces y el resto del tiempo he estado en casa. Al principio, fueron días frustrantes, agobiantes, acelerados, entre el trabajo, noticias, preocupación, incertidumbre… ¡Uf!

Bajo la presión y estrés de buscar información verídica, pensar en estrategias que sumen a la empresa, atender proyectos pendientes y crear nuevos, leer, entender qué estaba pasando, ser sensible, empática, intentar establecer un horario y cumplir con los consejos que en redes sociales y mailings nos han bombardeado para tener la “cuarentena perfecta”; llegó un momento en el cual empecé a analizar estos mensajes e incluso hasta los memes (por absurdo que parezca) y sobre todo las publicaciones o mensajes de mis amigas y conocidas que son mamás.

Por qué me llamó tanto la atención, porque empecé a comparar su rutina en esta cuarentena vs la rutina de amigos y conocidos. Qué encontré, una vez más desigualdad de género.

No es noticia nueva que la educación de los hijos recae más en la mamá. Probablemente, esto viene porque hace años se estilaba que el hombre fuera el único proveedor y por consiguiente quien trabajara fuera de casa todo el día; y la mujer, mientras tanto se hacía cargo de todo lo que tuviera que ver con el cuidado de la casa e hijos. Otra buena parte que considero relevante es la carga emocional o moral que suele traer la maternidad. Nunca será bien visto que una mujer prefiera salir a trabajar y dedicar mayor parte de su tiempo y energía a su vida profesional cuando ya se ha convertido en mamá. Este último punto, no lo cuestiono porque no soy mamá y no he vivido ese cambio de chip del cual hablan las que lo son y tampoco es el objetivo de esta entrada.

Conforme han pasado los años, hemos ido ganando algo de libertad en decidir si estudiamos una carrera universitaria, si dedicamos años a nuestra vida profesional antes de la maternidad, si se comparten los gastos en un hogar, etc.

Pero, a pesar de todo esto lo que he observado en estas semanas es una gran exigencia en el “deber ser” de la mujer perfecta/maravilla. Aquella que debe cumplir con el siguiente decálogo:

1.- Profesionista, porque el estar en casa no implica que no exista un horario laboral o como en mi caso, el trabajo se duplicó; también,

2.- Amas de casa, puesto que la misma situación impide que para quienes tienes la fortuna de contar con apoyo externo en los quehaceres domésticos, estos días ya no es posible por seguir las recomendaciones sanitarias, pero también, quienes no tienen este apoyo sigue siendo una responsabilidad más; y continúan los deberes,

3.- Atender a los hijos, seguramente el tener a los hijos en casa en esta situación no es nada fácil ni controlable para ellos, entonces exigen más atención, sin importar la edad, siempre requieren atención; ¡ah! y lo nuevo por esta situación,

4.- Deben fungir como maestras, porque el ciclo escolar sigue y deben supervisar que tomen sus clases en línea o explicarles si algo no quedó claro.

5.- Cumplir con diferentes rutinas de ejercicio, si bien es necesario ejercitarse y más ahora que no salimos de nuestras casas, el mensaje pareciera que exige cumplir con horarios y rutinas de un deportista de alto rendimiento, o para alcanzar un ideal de físico en este periodo, si no lo haces habrás fracasado.

6.- Cocinar todo tipo de platillos, desde saludables hasta sofisticados o divertidos.

7.- Ser repostera, hornear pasteles y galletas, sorprender a la familia con un delicioso postre, para hacer más llevadera la cuarentena.

8.- Leer, leer y leer, si no lo haces muestra la poca disciplina.

9.- Tomar cursos, el no hacerlo mostrará lo floja que eres.

10.- Atender los pagos de servicios y hacer las compras de lo que se necesite en casa.

Con esto no quiero decir que está mal hacerlo, cada una debería hacer lo que mejor le resulte para estar saludable (mental, emocional y físicamente), cumplir con el trabajo es primordial puesto que la economía no estará fácil, si para esto requieres tomar cursos y leer más, eso es prioridad. Cumplir con los estándares de perfección, no lo es.

Todo esto que menciono, lo he leído y escuchado en estas últimas semanas. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), menciona que las mujeres asumen en promedio 39 horas semanales en labores no remunerables como lo son el cuidado de la casa e hijos y en la situación en la que nos encontramos por el COVID-19, esta carga invisible aumenta.

Es evidente y urgente la necesidad de mostrar la corresponsabilidad (responsabilidad compartida) de las actividades en el hogar, en particular con una mejor repartición de las tareas de cuidado; generar hábitos que duren más allá de la contingencia; que se desprograme el chip de “mi esposo me ayuda a cuidar a nuestros hijos mientras yo…”, “mi pareja me ayuda a lavar los trastes”, porque todo esto es responsabilidad de ambos.

Para concluir, mientras seguimos siendo bombardeadas con consejos de mil actividades para hacer con los hijos, en pareja, solas o con el perro; recuerda que, no pasa nada si no haces ejercicio cuatro horas diarias, si no cocinas galletas y pasteles todos los días, si no lees diez libros o tomas cinco cursos on-line. Es un buen momento para que hagas lo que te de paz mental, lo que te mantenga saludable y lo que te permita mantener tu empleo (reitero que, si son necesarios los cursos, hazlos), suficiente estrés e incertidumbre estamos enfrentando como para cumplir con “El decálogo de la mujer perfecta en tiempos de COVID-19”.

Sin duda lo más importante es nuestra salud, la meta es salir sanos de esta cuarentena y, sobre todo, cuidar el trabajo que tenemos porque la situación económica que enfrentaremos, será más complicada de lo que muchos piensan.

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