Carta a mi bebé

Hola mi amor,

Soy yo, mamá. Hace tiempo quería escribirte porque hoy sé que escribir sana, libera, reconforta. También, porque teníamos pendiente esta charla.

Sabes, te soñé en varias ocasiones. Soñé tus ojos, tu mirada, el color de tu cabello y de tu piel, incluso soñé con tu sonrisa. Pensar en ti e imaginarte me mantuvo viva y fuerte por un tiempo; el anhelo de que llegaras a mi vida me llenó de ilusión y hasta cierto punto de ternura.

¡¡Te busqué!! Te busqué por mucho tiempo. Cada mes esperaba un resultado positivo en cada prueba que me realizaba y cada mes mi corazón se rompía un poco más.

Suplicaba al cielo cada vez más fuerte que me diera el regalo de ser mamá, porque eso es la maternidad o al menos eso pensaba. Un regalo divino. Incluso ya tenía tu nombre, te llamarías Ivanna (regalo de Dios) o Samuel (escuchado por Dios). Esto serías, un regalo divino, una respuesta a mis oraciones.

Cuestionaba a Dios el por qué no era digna de recibirte, le cuestionaba a la naturaleza por elegir a otras mujeres y no a mí, también le cuestionaba a mi cuerpo por no estar en calma para recibirte, porque eso decían, era mi culpa por vivir estresada, debía olvidarte, relajarme, no pensar en ti y entonces en ese momento llegarías. Pero, cómo relajarme si todo el mundo me preguntaba “para cuándo” o me recomendaban “ya animarme a tener un bebe” … ¡pff! ¡¡Que idiotas!! Animada estaba y buscándote con desesperación.

Cada vez más apagada y cansada, llena de culpa reclamándole a mi cuerpo, llevándolo al extremo física, mental y emocionalmente, pensando que estaba seca, y si, también llegué a pensar que no era una mujer completa porque no podía hacer lo básico, lo natural, lo normal, lo que me tocaba como mujer, ser madre. Claramente, estaba muy equivocada. Pero eso lo entendí y lo aprendí tiempo después.

Dentro de este anhelo y sueños, sabía que daría mi vida entera por ti, por tu educación, por cumplir tus sueños y alcanzar todo lo que quisieras. Anhelaba dejar una huella en ti y cuando fuera el tiempo me recordaras como una gran mujer, mi anhelo era trascender en tu vida y a través de ella.

Tiempo después, llegó el día, la noticia esperada. Ya estabas aquí, dentro de mí…

La ilusión duró poco. Te fuiste y contigo el anhelo, la ilusión, los sueños que quedaban.

El dolor duro mucho tiempo. Mientras estaba una profunda tristeza, debía sonreír, aceptar ver a otras embarazadas y alegrarme por ellas, no cuestionar por qué ella y no yo. Debía callar y amar las vidas que venían en camino, alegrarme por las vidas que se formaban en otro vientre, y a ti, dejarte ir, dejar de soñarte, dejar de hablar de ti. Resignarme.

Hoy habrá quien afirma que fue lo mejor, hasta yo lo he dicho, pero la realidad no lo sé. Que culpa tendrías tú de mi elección de pareja, de mi pasado, de mis errores como para decir que lo mejor fue que no llegaras.

En donde quiera que estés, existes y fuiste esperado, amado, anhelado.

Te dejo ir, te dejo ser, te dejo volar.

Hasta siempre,

Mamá

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