
Este año comenzó con un golpe fuerte, mi hermano fue vinculado a proceso por violencia intrafamiliar y lesiones de segundo grado, a su concubina.
Era increíble, parecía que me aventaron a un hoyo en el que no me hundía, pero no podía salir, de pronto mi nombre aparecía en una denuncia ante una institución de ayuda a la mujer para después formar parte de una carpeta de investigación judicial.
No creía que eso estuviera pasando, había guardado recuerdos en lo más profundo de mí y creía que yo conocía a mi gente. Me queda claro que nos protegemos olvidando para sobrevivir. Durante años vi la violencia entre mi hermano y su ya concubina. Él agrede física y verbalmente ella verbal y emocionalmente. Yo no hice caso, lo único que logré hacer después de una agresión de su parte fue buscar a dónde vivir y me fui de mi casa, un ángel llamado Ángeles me ofreció ser mi aval sin cuestionar mi decisión y pude encontrar dónde irme.
Seis años decidí regresar a casa de mi mamá porque por una mala decisión, nuevamente de mi hermano, mi mamá se tuvo que refugiar fuera de su casa dejando a Sebastián, mi perro, solo. Sebastián ya era un perro anciano y enfermo, no me pareció humano dejarlo morir de hambre y solo. Ya no había nadie ¿Qué podía pasar? Cuando me avisaron que mi hermano estaba detenido no dudé, fui a buscarlo, vi cómo le quitaban sus cosas y me las entregaban mientras él estaba esposado a una silla. Sus playeras, sus agujetas, sus llaves, todo lo que no se puede llevar a las galeras. Firmé de recibido. Horas más tarde llegó el anuncio, sería consignado al reclusorio. Por distintas razones obtuve la carpeta de investigación, la leí. Obtuve el vídeo de la primera audiencia, la vi. Ahí, vi a mi hermano convertirse en «el imputado», conocí el significado de «vinculación a proceso», conocí las diferentes áreas del reclusorio. Todo porque creía en él, en que no era la persona que decía la carpeta de investigación.
Busqué abogado, pagué por sus servicios, avisé en mi trabajo, un buen hombre me ayudó a buscar un abogado penalista, le expuse el caso, me dio las condiciones y acepté. Pocos días después me avisaron que lo defendería un abogado de oficio y así fue. Tres meses después, él ya estaba en casa. ¡Qué felicidad! El infierno ya había pasado, ahora a seguir adelante por nuestro futuro sin saber que ese infierno sólo cambiaba de lugar.
Pasó de poner mis huellas en el registro de ingreso al reclusorio, dar dinero en cada punto para que me dejaran pasar, manoseos de las custodias para ver que no traía algo prohibido, cargar la comida, etc. Las agresiones regresaron pronto, dejarnos de hablar, ignorarnos, gritos, insultos, golpes, romper cosas cuando algo no sale como él espera.
La experiencia en el reclusorio me hizo tocar fondo, no pretendo volver a ese lugar, no puedo permitir más abuso y más violencia así que me le enfrenté, por supuesto me llevé gritos, insultos y golpes.
Después de muchos años, no pude más y me atreví a contarle a mi mamá que mi hermano y mi papá habían abusado sexualmente de mi cuando era niña. No sólo fueron ellos, también uno de mis primos lo hizo. No supe que hacer en ese momento, mi única defensa fue quedarme callada para no causar problemas y tristezas a mi mamá principalmente porque ella no tenía la culpa.
Cuando le conté mi mamá no hizo nada, sólo llorar y pedirme que le dé tiempo mientras que él consigue donde irse. Se enfrenta cada día a mí, me mira como nunca lo había hecho para que él no note mi inconformidad. Se queda callada, ya no me responde, sólo me hace notar su molestia por no quedarme callada.
Hoy ya no puedo con esto, una vez más me toca irme a buscar donde vivir para vivir sin miedo a los golpes e insultos, a que un día le abran la puerta a mi perrita, se salga y la pierda. Hoy soy la mala, la intolerante, la impaciente. Hoy me tocó ser eso y cosas como hija de la ch!ng@da, hija de su put@ madre, put@, regrésame a la cárcel p€nd€ja por exigir respeto a mí, a mi perra, a mis cosas, a mi trabajo, a mi esfuerzo, por querer salir de lo mismo, por ser mujer.
Es difícil decirme la verdad y decirla al mundo, estoy avergonzada, lo que hoy empiezo hará voltear a más de una persona.
Ahora sólo me llevo tatuada en la piel la última frase de esperanza que él me regaló «NEVER GIVE UP«.

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