Qué guapa estás cuando sales de tus ruinas vestida de amor propio para mandar a la mierda todo aquello que no encaja en tu vida.
por Rebeca Feria
Después de varios meses de no escribir y con tantos temas que podríamos proponer, quisiera hablar de la autoexigencia que vivimos la mayoría -sino es que todas- las mujeres. Sin importar la edad, adolescentes, jóvenes o adultas.
En diversas ocasiones escucho en conversaciones con colegas, amigos o familia, comentarios en donde es evidente esta exigencia. Críticas a la imagen de las mujeres, juicio a sus decisiones o conclusión acerca de su desempeño porque no son «suficientes».
Esto no eso nuevo, me atrevo a decir que todas hemos llegado al punto de visualizar que esta exigencia no es igual hacia los hombres y es fuertísimo luchar contra ello y lograr decir “a la chingada, esto soy y decido ser”
Hace poco platicaba con uno de mis mejores amigos y me preguntaba por qué era tan difícil entender que no importan los kilos extras y que la belleza o el ser bonita va más allá del físico…pff!! Querido amigo, porque eso nos enseñaron y tatuaron en la mente y corazón por todos los medios o canales de comunicación a los que hemos estado expuestas desde pequeñas.
Desde mi vivencia, recuerdo que todo empezó por la familia, recuerdan como siempre nos decían que “bonita te ves” después de que mamá nos peinaba y alistaba para salir, o “las niñas bonitas siempre andan peinadas”, porque si fuiste como yo que odiaba peinarse, esa era la sentencia, no ser bonita lo que era igual a no ser vista o aceptada por el resto.
Otro momento fue entrando a la adolescencia. Mi referencia inmediata era mi hermana mayor. Mujer con ojos grandes, almendrados, hermosa, más alta que yo, delgada, quien desde pequeña le gustó todo el mundo del maquillaje y lo hace muy bien, en ese entonces ella quería ser modelo, entonces ya se imaginaran la misma autoexigencia que ella traía. Bueno, pues viví mi adolescencia siendo la inteligente y madura mientras escuchaba elogios a mi hermana sobre que bonita era. Esta exigencia y anhelo de ser la bonita de la familia y no la inteligente, mermo mi autoestima y tarde algunos años en encontrarme.
A esta etapa súmale los cambios que tuvo mi cuerpo. Las caderas se ensancharon pero no igual que a mis amigas, algo que hoy me parece absurdo era que detestaba mirar que el pants me quedaba entallado. Salieron estrías y si, viví pensando que le darían asco al hombre con quien tuviera relaciones sexuales, porque los cuerpos que me mostraban como perfectos, atractivos, sensuales, no tenían estrías ni caderas anchas. Cosa que me llevó a no tener sexo hasta muuuuchos años más tarde por el miedo de no gustarle a mi pareja.
Después, la lucha (equivocada) con las que vivimos muchas mujeres. Ser suficiente para que no me sean infiel, para que no me cambien por otra más bonita, con mejor cuerpo, con más nalgadas o busto, más divertida, etc.
Hoy dudo que los hombres vivan con esta autoexigencia, seguro son otras luchas que de igual forma crecieron aprendiendo debían cumplir, pero nunca he escuchado a un hombre decir que está a dieta porque irá a la playa y quiere lucir espectacular en traje de baño o preocuparse por no ser guapo según los estándares de belleza.
Hoy en día uno de mis temores que siguen perteneciendo a esta equivocada idea de las normas de perfección que debo cumplir, es llegar a los 40’s y empezar mi declive en el mundo laboral. No haber hecho bien mi trayectoria profesional y entonces no ser tan experta e inteligente como me percibo.
Sind duda, sigue siendo una lucha derribar esta educación patriarcal que nos ha enseñado que somos un producto más de consumo, que es más importante lo de afuera, el físico, el cascaron, que exige juventud y belleza eterna, pero esta lucha es con una misma, sanar la mente y acomodar las emociones para aceptarnos, amarnos y respetarnos, así tal cual somos.


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