Hace meses no escribía y no porque no quisiera o tuviera temas por compartir, sino porque este año ha sido un tsunami que transformó la Rebeca que hace un año se subió a un avión para dejar México.
Hace un año, dejé la vida que tenía, que había reconstruido (después de divorciarme), dejé mi hogar, me deshice de cosas materiales, me despedí de familia y amigos y empecé el que había sido mi sueño desde adolescente. Vivir en otro país.
Cargada de emociones, de expectativas, de idealización (como acostumbro) pero también de agradecimiento por estar viviendo esto.
Por supuesto, como sabrán quienes ya pasaron por esto, no sabía lo que vendría después.
Llegar a un país nuevo, desconocido, con otro idioma, otro clima sobre todo un clima como el que tiene Canadá en invierno, el choque cultural, etc. te cambia si o si la vida. Ha sido un año retador, fuerte, solitario en algunos momentos, con días tristísimos, con días llenos de frustración que me han doblado como nunca; pero también, con regalos inmerecidos como las personas que hoy son mi tribu, mi familia.
Por supuesto, podría enlistar varias cosas que el primer mundo nos da y que al compararlo con México es algo que también te causa sorpresa, como la tranquilidad y seguridad con la que se vive, sobre todo siendo mujer; pero en esta entrada no quiero hablar de ello, quiero dedicársela a Rebeca de hace años.
Me doy la oportunidad de escribirte, ya que desde hace tiempo he querido hacerlo y no había encontrado el momento.
Sé que te miras pequeña, indefensa y que nada parece mejorar o cambiar en tu entorno. Que sueñas en grande, sueñas mucho y trabajas duro para lograr lo que te propones, hemos entendido mucho del por qué lo haces y lo cansado que resulta. Mi querida Becky, te diría que te relajes y aprendas a disfrutar, pero hasta ahora nos es difícil, casi imposible hacerlo.
Sé que hay días en donde sueñas vivir en otro lado, que quieres huir, que quieres desaparecer, pero sabes, esto también es temporal. Nada es para siempre. Aprenderás que el momento más oscuro es la antesala al momento más brillante.
Observa atentamente quién te rodea, comparte tu corazón y sentimientos, aún con ese miedo a ser vulnerable. A pesar de las decepciones, podemos volver a confiar, podemos volver a amar.
No te diré que ojalá hubiera sido diferente o hubiéramos tomado otras decisiones, tampoco voy a romantizar la carencia y violencia con la que vivimos por años, para decir que gracias a ellos hoy estamos aquí y somos esta mujer; porque no, tal vez no teníamos por qué haber vivido ello, tal vez si hubo de otra forma, pero lo importante es que hoy solo nosotras decidimos sobre nuestra vida.
Lo estamos logrando mi niña. Hemos visto lugares que no imaginamos, hemos probado comida que no sabíamos que existía, hemos conocido personas maravillosas, estamos viviendo el sueño que tuvimos por años pero que se veía imposible y seguimos soñando, seguimos planeando porque nada ni nadie nos ha detenido.
Gracias por soñar, por luchar y por creer que si es posible.
Lo estamos logrando mi niña.


Replica a El paraíso (inexistente) libre de violencia para las mujeres Cancelar la respuesta